miércoles, 3 de mayo de 2017

Surfeando las olas

Eran las 06:30 de la mañana, todavía estaba oscuro y no era capaz de ver el mar. Por el sonido de las olas sabía que había subido, seguramente tenía un baño épico delante de las narices, pero todavía no había luz suficiente para verlo.

La luz del amanecer fue iluminando poco a poco un revoltijo lleno de espuma y corrientes donde yo pensaba que habría un bañazo.

Tenía un as en la manga y decidí moverme a un espigón cercano que aguanta mucho mar, pero todo parecía estar en mi contra. Al espigón no le llegaba el mar y en la desembocadura del río había demasiado. Una vez más, el océano, me había ganado la batalla.

Lo único bueno de todo aquello, era que había madrugado mucho con la esperanza de encontrarme olas buenas y tenía todavía todo el día por delante. Supertubos seguramente estaría funcionando, pero tampoco quería ir directo saltándome toda la costa y llegar a la masificación tan pronto.

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